En Colombia, los manglares comprenden una superficie aproximada de 380.634 ha de las cuales 292.726 se encuentran en el litoral Pacífico y 87.908 en el Caribe.
Estos bosques se ubican en áreas con amplios rangos en las precipitaciones, desde 150 mm anuales en la península de la Guajira, hasta 8000 mm en los departamentos del Valle y Chocó donde presentan el mejor desarrollo estructural.
Gran parte de los manglares del litoral Caribe se presentan de forma discontinua a lo largo de la línea intermareal dentro de bahías, ciénagas, lagunas, estuarios y desembocaduras de ríos y quebradas permanentes o temporales. Las mayores extensiones se encuentran en la Ciénaga Grande de Santa Marta, la Isla de Salamanca, el canal del Dique y los deltas de los ríos Sinú y Atrato.
Los manglares de la costa pacífica se distribuyen en una franja mas o menos continua y de ancho variable desde el río Mataje hasta Cabo Corrientes en el Chocó, y desde este sitio hasta Punta Ardita se presentan en forma de pequeños rodales dada la presencia de acantilados (Prahl, 1989).
La mayor cobertura de manglares del litoral Pacífico y en general del territorio nacional se encuentra en el departamento de Nariño con una superficie aproximada de 135.400 Ha (Sánchez-Paéz, 1994).
Especies:
En el Caribe continental e insular el arbolado conforma una consociación de “mangle rojo” (Rhizophora mangle), localizado principalmente en la franja intermareal, y otras especies como “mangle iguanero o salado” (Avicennia germinans), “blanco o amarillo” (Laguncularia racemosa) y “zaragoza” (Conocarpus erectus) que se ubican en las zonas altas del microrelieve.
En el área del canal del Dique y Coveñas se encuentra además el “mangle piñuelo” (Pelliciera rhizophorae), registrado por primera vez por Calderón (1982).
Estado de los Manglares:
El estado de los manglares para algunas zonas del país es crítico, aun teniendo en cuenta que las áreas de manglar están legalmente protegidas por diferentes disposiciones de origen estatal.
Esta situación revela una falta de control y gestión adecuada por parte de la mayoría de las autoridades ambientales a escala local y regional, lo cual explica el progresivo deterioro y pérdida en la cobertura de estos ecosistemas registrados durante los últimos años.
El cambio en la cobertura de los bosques de manglar se constituye en uno de los indicadores más importantes para evaluar su estado de conservación. Los primeros datos disponibles fueron obtenidos a partir de mapas del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) del año 1966. De acuerdo con estos mapas, para los años 60´s los manglares en Colombia cubrían un área de 5.013 km2 a lo largo de las costas Caribe y Pacífico. El Proyecto Manglares de Colombia presentó los datos más recientes de cobertura con un área de 3.790 km2 (Sánchez-Páez y Álvarez-León, 1997) y probablemente son las áreas más ajustadas a la situación actual.
De acuerdo con estos datos el país ha perdido aproximadamente 1.220 km2 en treinta años, equivalentes a 40,8 km2 por año. La mayor pérdida se ha registrado en la región Caribe, de 1.898 km2 estimados en 1984 solamente permanecen 863 km2 por efecto de diversos impactos como explotación forestal intensiva, conversión a otros usos y contaminación entre otros (Ocampo-Aguirre, 1997).
Pérdida de manglares:
En el Caribe y Pacífico colombiano inciden numerosas acciones antrópicas generadoras de deterioro y destrucción de los manglares entre las que se encuentran la expansión turística, construcciones civiles y asentamientos urbanos, drenajes y canalizaciones, construcción y operación de fincas camaroneras, extracción intensiva de recursos maderables, expansión de áreas agrícolas y ganaderas, y la disposición inadecuada de residuos industriales y domésticos.
Estos factores han generado la degradación de miles de hectáreas de manglar con la consecuente disminución en la biodiversidad y recursos pesqueros, formación de playones salinos y la sedimentación de los cuerpos de agua (Sánchez-Páez et al., 1997; Sánchez-Páez et al., 2000).
La pérdida en la cobertura de los bosques de manglar se encuentra directamente asociada a la disminución en la oferta ambiental de los bienes y servicios que proveen a las comunidades locales, las ciudades costeras y al interior del país, y se hace evidente a través de la disminución en la abundancia y diversidad de recursos pesqueros asociados a estos ecosistemas, así mismo se nota una disminución en la calidad, desarrollo y productividad de los bosques.
Tomado de 6. ESTADO DE LOS MANGLARES EN COLOMBIA. Jorge Restrepo Martínez.